¿Amamos a Dios o a sus Regalos?
Fecha Wednesday, 05 July a las 23:44:16
Tema Vida Cristiana


¿Amamos a Dios o a sus Regalos?

Por Sam Hinn

La adoración nos llevará a la santidad de Dios, y allí seremos cambiados. El llamado de Dios para cada uno de nosotros es un llamado a la santidad.

Dios desea hacer nacer en ti su propia naturaleza y su propio carácter. Dios es santidad, y requiere de aquellos de nosotros que lo deseamos, que seamos santos como Él lo es. La santidad atrae su gloria. "...sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15-16).

Algunas veces ponemos demasiado énfasis en las manifestaciones físicas del Espíritu Santo. El mismo poder que me hace caer me hará ser cambiado cuando me ponga de pie. El toque del Espíritu Santo siempre traerá una nueva medida de santidad a nuestras vidas.

Tengo cuatro hermosos hijos, y muchas veces Dios los usa para hablarme. Una noche, me dio un sueño sobre mi hija mayor, Samia, que me cambió la vida. Yo estaba parado en un pasillo y al final del mismo estaba el cuarto de mi hija.

Yo tenía muchos regalos para ella, y estaba ansioso por ver su carita resplandecer al verlos. Quería mostrarle cuánto la amaba su padre. Comenzó a abrirse la puerta de su cuarto, y ella se asomó. Vi que su carita se iluminaba con una enorme sonrisa. Yo sabía que ella estaba viendo los regalos que estaban detrás de mí, debajo del árbol.

Me puse de cuclillas y esperé mientras ella corría hacia mí. Su cabello rubio se movía en todas direcciones. Extendí los brazos para abrazarla, pero ella pasó a mi lado sin siquiera rozarme, a toda velocidad. Ni siquiera me miró. Fue directamente hacia los regalos.

Mi corazón quedó destrozado. Yo era quien le había dado todos esos regalos. Yo era el que había pagado el precio para que ella los tuviera. Me di vuelta y la vi desenvolviendo los regalos.

Entonces, el Espíritu Santo me habló, y me dijo: "Hijo, así sucede en la iglesia. Todos quieren mis dones, mis regalos, pero me ignoran a mí".

Hoy muchos claman por el Espíritu de Dios. Quieren que el Espíritu les dé más fe, gozo, paz, sanidad o liberación. Debemos recordar que Él no es simplemente el Espíritu de Dios. Es el Santo Espíritu de Dios. Cuando nos aferramos a su santidad, Él nos toca con su Espíritu.

Cuando nuestros corazones lo desean a Él más que a todos sus dones, Dios nos da el Espíritu Santo que nos permitirá ser santos. David escribió: "Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra" (Salmo 96:9).



El llamado a la adoración es un llamado a la santidad. Dios no solo nos llama a adorarle en la hermosura de la santidad; nos llama también a vivir en la hermosura de la santidad.

Cuando conocí a mi esposa y me enamoré de ella, la conocí por su nombre. Me enamoré de Erika. Ella se enamoró de Sam. Ella no me conoció como "el señor Hinn", sino por mi nombre. Cuando nos casamos, automáticamente ella recibió mi apellido y todo lo que me pertenecía.

Esto también se aplica a nuestra relación con el Espíritu Santo. Cuando nos enamoramos de Él y lo conocemos por su nombre, como Espíritu, también recibimos todos los dones que vienen con su "apellido", Santo.

Dios nos llama a vivir una vida de santidad, y si la rechazamos, también estamos rechazando al Espíritu Santo.

"Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo" (1 Tesalonicenses 4:7-8).

Tu llamado como creyente es un llamado a ser un templo santo donde Dios pueda morar. Dios es santo, y el lugar donde habite también debe ser santo (ver Levítico 19:2 y 1 Corintios 3:16-17). El grado de santidad que haya en tu vida será el grado en que la presencia de Dios esté en ella. La Palabra de Dios nos dice que fuimos elegidos para ser santos desde antes de la fundación del mundo.

"...según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él" (Efesios 1:4).

Nuestra mayor aspiración debe ser vivir una vida santa, no tener un ministerio o viajar por todo el mundo predicando el evangelio. Nuestro llamado es la santidad; nuestro ministerio, la adoración.

"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33).

Dios quiere que busques la santidad que viene de Él, no por obras. Dios solo espera de nosotros lo que Él mismo nos ha dado.

Hay un hambre muy grande por la santidad de Dios en la iglesia actual... Las personas claman por un cambio. Quieren ser más como Él. El Espíritu Santo está dando nuevas canciones llenas de una santa pasión por ser más como Jesús.

Es Dios quien pone el anhelo y el deseo de ser santos en nuestro corazón, y Él es quien satisface ese deseo.

"Y habrá allí calzada y camino, será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará. No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos" (Isaías 35:8, 9).

Esta es una imagen visual increíble de la santidad. El camino de santidad te mantendrá lejos de los leones que quieren devorarte (el diablo; ver 1 Pedro 5:8). No andarán torpes ni pecadores en ese camino de santidad. Pero allí se encontrarán los redimidos.

Cuanto mayor es el hambre de santidad, mayor es el grado de satisfacción.

Tomado del libro: "CAMBIADOS POR SU PRESENCIA"







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